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CIENCIA: #FLORENCIABALLARINO #CIENCIA #ALIMENTOS #SONIDO

Escrito por el 16 noviembre, 2020

No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído. Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos. En su laboratorio de la Universidad de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujido pueden alterar cómo percibimos el sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad. Spencer asegura que «es una reacción instantánea en nuestro cerebro». Existen diversas teorías de por qué nos atrae lo crocante: una de ellas parte de que los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos, por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable. Pero por otro lado, algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las papas fritas- suelen tener un alto contenido en grasa y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido. ¿Pensaste alguna vez en el sonido que produce abrir una bolsa de papas fritas?. Todo ello afecta a nuestra experiencia y cómo percibimos el sabor.


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